sábado, 27 de julio de 2013

DE LA ZOMBIFICACIÓN DEL INDIGNADO

Fue bonito mientras duró. Miles y miles de personas salieron a las calles aquel 15M y en posteriores ocasiones. En aquella época que parece ya tan lejana, teníamos un gobierno socialista sin idea de como salir de la crisis, moviéndose entre políticas absurdas sin resultado. Hoy tenemos un Gobierno de derechas que no sólo ha sido incapaz de reconducir la situación política, encima están implantando medidas sociales de claro perfil ideológico aprovechando la cobertura. Sea a nivel neoliberal: vendiendo la sanidad y todo lo público vendible, recortando ayudas a inmigración, desempleo, políticas de igualdad y rematado con una Reforma Laboral al servicio de la Patronal y la Troika que nos llevó a 6 millones de parados...o compensando el apoyo de la Iglesia católica, regalándoles la educación y guiños deleznables en sanidad como medidas contra el aborto, fecundación in vitro, píldora anticonceptivas...

Por si fuera poco hablamos de un Gobierno vendido a la banca. Hoy reconocen que las ayudas al sector financiero, culpables de la crisis, difícilmente se recuperarán. 36.000 millones de nuestros recortes, de nuestras ayudas, de nuestras víctimas...

La guinda es que tenemos a toda la cúpula del PP implicada en uno de los mayores casos de corrupción de la historia de la democracia española. El Bárcenasgate supondría la decapitación política de cualquier Gobierno del mundo, salvo en España, claro, donde el presidente ni se digna a dar explicaciones. Hacemos un ridículo internacional comentado por los medios extranjeros que alucinan ante la permisividad de un pueblo muerto en vida.

Sumemos la ineficiencia de la justicia, la presión a jueces, los indultos, el papel de la Fiscalía y un TSJ a favor de los imputados en casos de corrupción, un presidente del Tribunal Constitucional militante del PP, que no dimite, claro ... ¿Qué más necesitamos para quemar las calles?

Pero, por lo que sea, por algo que no somos capaces de dilucidar (aunque veamos estupefactos lo piques absurdos entre secciones sociales progresistas por detalle nimios), no queda apenas rastro de aquellos indignados que nos dieron algo de esperanza. ¿Dónde han quedado ahora que hemos llegado a las más altas cotas de pobredumbre política? Ayer salimos cuatro gatos a la calle para decepcionarnos otra vez de esta España que, cada vez más, parece tener lo que se merece. 


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